Volvimos a Miaste por tercera obra consecutiva. La primera vez alquilamos andamio tubular para una rehabilitación de fachada; después compramos escaleras de fibra de vidrio para el equipo eléctrico. Esta vez necesitábamos plataformas de elevación y un tramo de andamio de fachada para un edificio de cinco niveles en el centro.
Lo que cambia cuando ya sos cliente conocido no es el precio, es el ritmo. Nos entregaron el listado de piezas por tramo antes de firmar, así pudimos planificar el izado con la grúa que ya teníamos contratada. Los tablones antideslizantes llegaron con el borde reforzado y los anclajes venían separados por bolsas rotuladas según nivel, algo que en la primera obra no habíamos pedido y ahora agradecemos.
Un detalle concreto: en el cuarto nivel el muro tenía un retranqueo de casi un metro que no estaba en los planos que nos pasó el proyectista. Avisamos por teléfono a media mañana y a las dos horas tenían un módulo de ajuste en obra. No fue gratis, pero tampoco nos frenó el cronograma, y eso en una obra con tres frentes abiertos se nota.
La resistencia a la intemperie también se probó. Trabajamos dos semanas con lluvias intermitentes y los tubos galvanizados no mostraron óxido superficial en las uniones. Las escaleras de fibra de vidrio las usamos cerca del tablero provisional y no hubo conductividad, que era el punto que nos preocupaba desde el inicio.
Lo que sí anotamos para la próxima: pedir con más antelación los rodapiés, porque en esta obra llegaron dos días después del montaje inicial y tuvimos que reforzar la barandilla provisional. No fue grave, pero es el tipo de cosa que se evita con un checklist previo más afinado.